"Tu casa puede sustituir al mundo; el mundo jamás sustituirá a tu casa."
—Proverbio Alemán
Afuera
llovía con fuerza y dentro, el clima era aún más intenso. La
densidad y la pesadumbre que reinaba la habitación hacía las cosas
más difíciles para el muchacho (un adulto ya) que se encontraba en
la habitación sacando diversas pertenencias de los cajones para
luego guardarlas en una valija.
Una
muchacha con espeso y largo cabello negro irrumpió la habitación,
contorneando las caderas y canturreando a medida que se internaba
cada vez más. La miró durante algunos segundos interminables y
finalmente interrumpió el silencio que se cernía, con voz ronca:
— ¿Ya
has hecho tus maletas?
La
muchacha asintió, echándose con pereza sobre la cama cubierta con
edredones blancos. Sus tacos repiquetearon contra el suelo de
madera.
—Por
supuesto. Sólo he dejado algunos vestidos afuera por si se me
ocurría usarlos en la noche, pero esos tranquilamente puedo ponerlos
en uno de los bolsos pequeños.
Había
que admitir que Constance era un excelente partido. Debía admitir
que esa chica tenía todo para enloquecer a un hombre. Era guapa,
graciosa y tenía cierto encanto que la hacía ser bien acogida en
cualquier lugar. No había nadie que le dijera que no a Constance, y
eso había sido lo que le había gustado de ella desde un principio.
Al
chico siempre le habían gustados las mujeres autosuficientes,
independientes y seguras de sí mismas, y ella era eso y mucho más.
Agregándole a eso una basta experiencia sobre la pasarela y siendo
cara de revista, lo cierto es que Constance lo
era todo.
—Logan,
querido, ¿sucede algo?—preguntó la joven, levantándose y yendo
en dirección a su pareja.
Le
pasó los brazos con delicadeza por los hombros –a espaldas suyas—
y empezó a hacerle masajes en aquella zona, dibujando círculos con
sus finos dedos.
—La
verdad es que estoy un poco tensionado. Mañana debemos partir y no
estoy del todo seguro de querer hacerlo.-le confesó.
—No
deberías preocuparte por eso. Será bonito ir a América, solo viaje
una vez allí y fue por trabajo. Además, volverás a casa.
No
quiso decírselo, pero ese era el verdadero problema.

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