"No hay despedidas más grandes que un regreso."
—Cantevill
Leslie POV
—Ya debe estar por llegar.—me dije a mí misma.
Nunca
pensé que su partida me hiriera tanto, ni tampoco que esperara de
esa manera su regreso. Y en ese instante me di cuenta de que lo había
extrañado más de lo que a mi me hubiese gustado confesar, pues a
pesar de mi dureza, mi transparencia había dejado bien en claro cuán
emocionada estaba por ver por fin a mi viejo amigo y nada podía
taparlo, ni siquiera mi rostro de frialdad.
Me
volví a ver al espejo, recorriendo con una fugaz mirada mi ropa: no
había cambiado en absoluto mi modo de vestir, y eso seguramente le
agradaría. Casi podía verlo vestido con las mismas gorras al
reverso y los jeans suelos que usaba cuando tenía diez años,
también podía recordar su pelo, tapando la mayor parte de su
frente. Sonreí instintivamente antes de bajar las escaleras con
prisa y encontrarme debajo a la familia reunida alrededor de la mesa
listos para el desayuno.
—Bueno,
parece que alguien está excesivamente contenta hoy. —canturreó
Verónica, mi hermana de dos años menor que casi siempre estaba allí
para molestarme.
—Hija,
no molestes a tu hermana— la reprendió mamá con suavidad-. Todos
estamos muy contentos de ver a Logan nuevamente.
—Yo
no.— respondió ella tajante. —No se si lo recuerdan, pero ese chico
me hacía la vida imposible: odiaba verlo aquí todos los días.-
recordó.
—También
a mí me deberías odiar entonces.— acoté, alzando una ceja en su
dirección.
—Bueno,
no dije que no lo hiciera. —me guiñó el ojo mientras se servía una
buena dosis de cereal.
Así
era mi relación con mi hermana, y aún de esa manera, no la hubiese
cambiado por nada del mundo. Era cierto que fastidiarla era una de
las actividades más divertidas con las que ocupábamos nuestras
tardes Logan y yo, pero en el fondo, sabía que ella no se molestaba
con nosotros realmente, pues al rato Verónica ya volvía a tratarnos
como siempre, sin miradas filosas ni insultos de por medio.
—¿Y
saben a qué hora llega exactamente?— inquirió mi madre, mirando a
papá por encima del hombro mientras preparaba unos waffles en la
cocina.
—Larry
me dijo que estaría en el aeropuerto a la madrugada, así que
supongo que debe de estar en camino. De todas formas viven justo en
frente, no es como si nos perdiéramos su llegada...
Él
y Larry Lerman, el padre de Logan, trabajaban juntos en una empresa
de dentífricos. Mi padre era el gerente general y el de Logan
ocupaba el puesto de presidente en la compañía. De hecho gracias a
esa relación profesional entre ellos, nosotros, sus hijos, habíamos
entablado amistad. Pero lejos de ser una amistad de tipo “debo
hablar contigo, pues mi padre quiere un ascenso”, era una
totalmente sincera y real, de esas que forjaban para jamás terminar.
Su
ida (hacía ya cinco años, con destino a Londres) había finalizado
con nuestra amistad “parcialmente”, pues a pesar de que estaba
segura que en cuanto lo volviera a ver todo sería como antes, no
habíamos tenido demasiado contacto desde entonces, y temía
encontrarme con una persona que me viera como una ex-amiga solamente;
tenía miedo de haber sido olvidada y de que —cuando el regresara—
ya nada volviera a ser lo mismo.
Pero
a medida que ese día se había acercado, mis miedos se habían
disipado, pues ni ellos iban a arruinar nuestro reencuentro.
Mi
madre colocó un grueso waffle
en mi plato, rechinando los cubiertos contra éste por el movimiento
brusco y luego, me observó con una sonrisa surcando por sus labios.
—Personalmente,
me encanta la idea de verlo todos los días por el barrio, era un
muchacho excelente y un niño muy maduro y responsable. Recuerdo
cuando venía a visitarte e iban juntos al parque a practicar... eso
que practicaban.—me comentó mi madre, sin recordar la palabra
exacta.
—¿Skate?
Hace tanto de eso que casi no lo recordaba.
—Pero
has vuelto a hacerlo después.
—Si,
es verdad, he vuelto a hacerlo con la pandilla algunas veces más.
Pero nunca de la forma que la hacíamos con Logan. Ahora que recuerdo
bien, ni bien el se fue del país, cerraron para siempre la pista en
la que practicábamos a diario. No han vuelto a abrirla desde
entonces.
—Una
verdadera lástima, era mi favorita.—Verónica se llevó una gran
cucharada a la boca.
—Tú
nunca practicaste skate.—le
espeté.
—Bueno,
no, nunca me gustaron esas cosas estúpidas, pero esa pista tenía
dibujada una mandala
en el centro. Mis gustos hacia ella eran meramente artísticos. —
intentó sonar profesional, logrando una carcajada general en toda la
mesa. —¿De qué se ríen? ¡Lo decía en serio!— su voz sonó
como una queja, pero por la forma de su boca, se notaba que estaba
reteniendo una carcajada.
El
timbre sonó, arrancándome un gritito de júbilo mientras me
levantaba de mi asiento —casi tropezando con la alfombra debajo de
mis pies— y alcanzaba la puerta. La abrí con apuro.
La
hermana de Logan estaba parada allí, con los brazos abiertos y su
negro cabello perfectamente acomodado sobre su bello rostro. Su
presencia había hecho que Logan me hiciera menos falta, pues había
que considerar que era obvio su familiaridad: sus rasgos eran
similares, tenían la misma mirada profunda y compartían los mimos
chistes y lemas.
—¡Lindsay!—exclamé,
echándome encima suyo para abrazarla. —¡Por dios, Lindsay! ¿Qué
haces aquí?
—Pues
nada, solo vine a decirte que Logan acaba de llamar hace algunos
minutos, está a algunas manzanas de aquí.—suspiró
dramáticamente—¡Lo he extrañado tanto en este tiempo! Me ha
contado que tiene noticias para darnos. —agregó, emocionada, y me
tironeó del brazo, haciéndome caminar por la acera rodeada de
flores.
Entonces,
un lujoso y flamante BMW rojo sangre estacionó frente a la casa,
provocando los “ohh” y “wow” de varias de las personas que
pasaban por casualidad. Me quedé mirando boqui-abierta como la
puerta se abría y de allí bajaba un hombre vestido con unos
elegantes pantalones negros de pinza. No, un hombre no. Era Logan
quien bajaba del lado del conductor. Pasmada, hice un paso hacia
adelante, llevándome una mano al pecho, creyendo que ya nada podía
sorprenderme luego de eso. Parecía todo un hombre adulto entubado en
ese traje extremadamente formal y sus anteojos de sol que parecían
sacado de El
Guardaespaldas.
No reconocí a mi amigo en cuanto lo vi, era una persona totalmente
nueva. Pero debía reconocer que eso no hacía que mi emoción
disminuyera, pues confiaba en que su cambio no afectaría mis planes
sobre nuestra amistad.
Del
otro lado del asfalto, Lisa (su madre) salió a su encuentro,
saltando a sus brazos sin ningún pudor. Supe que ese chico seguía
siendo el Logan de siempre cuando ví como rodeaba a su madre con sus
brazos, casi sosteniendola con cariño. Luego también se acercó su
padre, con quien se saludaron con unas palmadas (como todos los
hombres cuando se ven) y luego por fín se acercó a su hermana
Lindsay.
Lindsay
me apretó la mano antes de que el llegara a nuestro lugar. Pero la
solté inmediatamente en cuanto noté que la puerta del lado del
acompañante del BMW se abría, dejando ver unas largas y bronceadas
piernas de mujer.
La
muchacha bajó, llevandose varias miradas sorpendidas por parte de la
familia Lerman, pues no esperaban algo así. Volví a concentrarme en
Logan y en su mirada perdida en la aquella desconocida para mí y
unos segundos más tarde volvió su mirada a su hermana, a quien
abrazo antes de que ella pudiera articular palabra.
Uno
de los defectos más fuertes de Lindsay era que jamás se podía
quedar callada y terminaba metiendo la pata siempre. Por esa razón
casi todos evitaban que abriera la boca en situación de riesgo, y se
notaba a legüas que eso era lo que hacía su hermano.
—Te
he extrañado, Lind.—susurró contra su pelo.
—Así
que esta es mi cuñada.—comenzó la morocha de piernas largas y
bronceadas en dirección a Lindsay.—Bueno.... futura cuñada en
realidad. —una risita escapó de sus labios.
Debía
admitirlo, parecía simpática y se notaba que no fingía para
mantener las apariencias.
—Familia,
ella es Constance D'Oliveyra, mi novia... —explicó Logan, con una
sonrisa surcando sus labios y abrazandola por los hombros a la
muchacha.
—...Y
futura esposa...—finalizó Constance.
Oh-mi-dios.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario